martes, 15 de diciembre de 2015

Blanco y gris.

Y fue en un segundo, en un ahogo, que te robaste mi alma. Así, de la manera más ficticia que alguien pueda imaginar, me dejaste sin nada. Tirada y desnuda en mi cama. Deseando estar muerta. O que estés muerto vos. Pero más muerta yo. Llorando mares. Escupiendo sangre. Jadeando. Agarrando las sábanas fuerte con mis puños cerrados y mis nudillos pelados de tanto golpear la pared. Arrancándome los cabellos con todas mis fuerzas, total nada seria más doloroso que lo que vos me hiciste. Sufrí hasta quedarme dormida.

domingo, 6 de diciembre de 2015

Crónica del dolor.

Tengo un grave problema. No se si es un complejo; de serlo, no se cómo se llamará. La cuestión es que siento que soy algo, pero éste algo que siento que soy es inferior al algo que se que soy. Me siento inferior en todo sentido. Pero no me sale no sentirme así. 
No creo que me hagan sentir inferior, ya no voy a echar la culpa a las demás personas por el simple hecho de que no puede ser que el mundo conspire en mi contra, porque no es así. Por otro lado, se que soy una persona muy buena. Creo que también ahí radica un poco el que me sienta inferior, y boluda. ¿Para no sentirme inferior tengo que ser mala? Otro problema, no me sale ser mala. Las veces que parezco mala por algo que hago es simplemente ingenuidad. 
Veo y vivo cosas que me hacen sentir así. Me doy cuenta que lo que tengo no merezco y que merezco otra cosa. O simplemente, no merezco. Me pregunto a veces por qué me quieren. Si no le doy alegrías a nadie. A mi familia, bueno, sí. El colmo sería que ellos no se sientan orgullosos de mí, porque hasta yo algunas veces me siento orgullosa de mí y mis logros. Pero, ¿merezco que esa persona me quiera?. Esa persona tan linda que está dejando todo por mí, ¿lo merezco?. A veces me da miedo hacer algo malo por ingenuidad y que al fin se de cuenta que no lo merezco. La inseguridad me come.
A veces cuando estoy esperando que alguien me salude y no lo hace, me digo que está bien, que me merezco que no me salude. ¿Por qué me merezco?. Y porque sí, porque así soy y no está bien ser como soy, porque podría estar mejor, porque soy una boluda. Así que está bien, que no me salude, no merezco su saludo. 
¿Es inferioridad eso? Si no lo es, que alguien me diga qué es, porque para mí sí. 
Dicen que antes de juzgar a alguien hay que conocerlo, no se puede juzgar por la mera apariencia. A veces, no dejo que la gente me conozca para que no me juzgue, ya veo se da cuenta que no merezco su amistad o amor. ¿Es inferioridad eso?
Creo que en algún momento voy a entender por mi cuenta porqué me sucede ésto. No creo necesitar en éste momento alguien que me diga "tenés que cambiar, vos valés, etc." porque se que valgo y aunque éstas líneas demuestren lo contrario, soy quien más quiero en el mundo. No quiero que vengan a decirme que necesito ir al psicólogo, porque tal vez todos necesitamos, y porque no estoy por ir. No se si porque soy terca o qué, pero por el momento no voy a ir. 
Ésto que escribo es una línea que baja desde mi cerebro hasta mis manos, tal vez ni siquiera lo estoy pensando. Tal vez ni siquiera lo estoy leyendo. Pero si me ves hoy, así como siempre estoy: sonriente, paciente, amable, comprensiva, vas a decir "¡pero ésta mina no da más de feliz!". Pero mirame bien a los ojos. Todo tiene un trasfondo. Tal vez con cada acto de amabilidad te esté implorando que no me dejes sola. Pero si no querés no lo hagas, porque no se si merezco que estés conmigo. ¿Es inferioridad eso?.

¿Debería acercarme más a Dios? ¿Debería alejarme más de Dios? ¿Es una crisis de adolescente? ¿Debería dejarme de boludeces y preocuparme por cosas que importan? Creo que lo último sería lo correcto, porque después de todo no merezco que se preocupen por mí.

lunes, 30 de noviembre de 2015

Leuhan.

Navegando un mar azul
el cielo gris, se hizo cristal.
Felicidad, estar feliz 
porque es con vos.
Navegamos en risa y amor,
en risa y dolor,
en risa y amor,
en risa y dolor.

Una familia creciendo.
Un camino haciéndose.
Montañas dibujan un paisaje puro para mí.
La lluvia a veces correr al sol 
y seguimos navegando en risa y amor,
en risa y dolor,
en risa y amor,
en risa y dolor.

Venís. Te vas.
Sosteneme.
Se que no voy a caer
mientras estés detrás.
Es que nunca viví nada así
y lo imagino con vos.
Conmigo y con vos.
Navegando en risa y amor,
en risa y dolor,
en risa y amor,
en risa y dolor.

Navegamos en verde esperanza,
con sobrillas de naranjitas y mi risa roja.
Soy blanca; me mirás,
me sonreís, me sonrojás.
Se avecina la tormenta,
no creo poder con ésto.
No me sueltes la mano por favor.
Voy a llorar y a gritar por vos.

Se calma, y empieza.
Tomamos los remos.
Miramos la cielo, es de cristal.
Estoy en tu vida, 
vos estás en la mía.
Y seguimos navegando en risa y amor,
en risa y dolor,
en risa y amor,
en risa y dolor.

miércoles, 25 de noviembre de 2015

Antología.

Entre primeros días de Noviembre de 2015 y 25/11/2015.

Estudio Comunicación Social. 
O sea, ¿periodismo?
Sí gente, periodismo.
La cuestión es que aunque no parezca, o no se las conozca, hay diferencias tanto en la formación como en las herramientas que usan, y en la salida laboral del periodista y el comunicador. Pero, no viene al caso. 
En éste primer año de formación (que, con lo que respecta a la universidad, me ha encantado) me tocó conocer y leer libros de autores que me estaría costando adjudicarles un adjetivo calificativo. Magníficos, esplendorosos, sublimes. Y me quedo corta. No exagero. En mi casi dos décadas de vida he leído más de un centenar y medio de libros (sí, a veces ando con un tiempito de más) y jamás, no se porqué, mi lectura se asemejó a la magnitud de la genial bibliografía que ofrece la facultad. Bueno, es obligatoria, y es muy raro que me haya gustado, porque generalmente lo que es obligatorio es también inmundo. 
En fin. El último libro que leí (y lo hice durante el mes pasado) se titula "Antología de la crónica latinoamericana actual" cuyo editor y compilador de crónicas es Darío Jaramillo Agudelo.
Ahora, ¿qué es una antología? = Una colección constituida por fragmentos de obras literarias, musicales, científicas, etc. de uno o varios autores, escogidas en función de un criterio. (Lo googleé, no me pregunten, sólo soy una chica).
En éste caso, se trata de una colección de crónicas de autores hispanohablantes y oriundos de diferentes lugares de América Latina. 
José Luis Martínez Albertos, ha descrito a la crónica como "una narración directa e inmediata de una noticia con ciertos elementos informativos, que siempre deben ser secundarios respecto a la narración del hecho en sí" - y agregó - "Un producto literario predominantemente latino". 
Después de leer el texto, no es un mito que la crónica es otra joyita latina. Es por eso que me tomé el atrevimiento de mostrarles algunos fragmentos de mis crónicas favoritas de éste libro. Si bien Antología de la Crónica Latinoamericana Actual contiene cincuenta y cinco crónicas, o cincuenta y tres, o cincuenta y cuatro, (dedeé el índice tres veces: la primera me dio cincuenta y cinco, la segunda cincuenta y tres y la tercera cincuenta y cuatro. Disculpen, no lo puedo evitar, por algo estudio ciencias sociales), solamente resalté mis más-preferidas, las que me gustaron más. Subjetividad, subjetividad, subjetividad. 
Espero que les parezca interesante ésta entrada. La idea es demostrarles que, aparte de escribir boludeces, sueños e historias, también hago otra cosa: estudio. Y estudio algo muy lindo, no se si sabían. Me está haciendo crecer. En éstos últimos tiempos se me dio por tener la fantasía de ser cronista, ya que "El cronista traduce el primer mundo al tercero", y eso me fascina. Vamos a ver qué sale. Mientras tanto seguiré instruyéndome para alejarme de la bolsa de los vende-humo, pero no prometo nada. 

Camila <3

Muxes de Juchitán. (por Martín Caparrós)

"¿Por qué decimos que hay matriarcado acá? Porque las mujeres predominan, siempre tienen la última palabra".

"Hay pobreza pero no miseria".

"El tema del VIH viene a abrir la caja de Pandora y ahí aparece todo: las elecciones sexuales, la autoestima, el contexto cultura, la inserción social, la salud, la economía, los derechos humanos, la política incluso".


Un artista del mundo inmóvil. (por Leila Guerriero)

"Y pensé que es probable que todos armemos nuestra historia en torno a un origen que en verdad nunca es tan puro como se supone".

"La temeridad está puesta en los cuadros. No en la vida cotidiana. Creo que es el lugar donde ser valiente tiene sentido".

El sabor de la muerte. (por Juan Villoro)

"Perdí un tiempo precioso atándome los zapatos con doble nudo. Los obsesivos morimos así".

El pueblo que sobrevivió a una masacre amenizada con gaitas. (por Alberto Salcedo Ramos)

"Los habitantes de estos sitios pobres y apartados sólo son visibles cuando padecen una tragedia. Mueren, luego existen".

"Habitantes de una país terriblemente injusto que sólo reconoce a su gente humilde cuando está enterrada en una fosa".

"El sobreviviente de una masacre carga su tragedia a cuestas como el camello su joroba, la lleva consigo adondequiera que va. Lo que se encorva bajo el pesado bulto, en este caso, no es el lomo sino el alma".

"Ya nada será tan bueno como en la época de los abuelos, cuando ningún hombre levantaba la mano contra el prójimo, y los seres humanos se morían de puro viejos, acostados en sus camas".

Retrato de un perdedor. (por Alberto Salcedo Ramos)

"La otra cara del racismo: el público, conformado en su gran mayoría por negros y mulatos, manifiesta sin ningún pudor el deseo de ver al boxeador blanco tendido en la lona con la boca llena de espuma. Tal actitud refleja, acaso, la ambición de cobrarle una amarga revancha a la historia".

"A pesar de nuestras ropas, seguimos desnudos. (...) Si nos niegan el perfume, como a Regino, lo que nos queda es el sudor".

La cárcel del amor. (por José Alejandro Castaño)

"-¿Pero esta interna no estaba visitando a otro recluso?-, le pregunta el director a una psicóloga, que es la encargada de vigilar que una misma mujer no tenga dos novios a la vez. -Si, pero ellos ya terminaron-, responde la psicóloga. El director niega la autorización. Aún es muy pronto para dejar que la interna vaya con otro preso."

"Uno se enamora y se vuelve un pedazo de carne".

Lucho Gatica (Maquillaje para la cuerda floja de la voz). (por Pedro Lemebel)

"(...) encontraban en la concha acústica de su canto una razón para vivir".

"Los discos se fueron quebrando, y Pitico desapareció tragado por los sones vibrantes de la tecnología electrónica".

Persiguiendo a los Rolling Stones. (por Daniel Riera)

"Parece románticamente gracioso o graciosamente romántico que Keith Richards tome su guitarra y se ponga a cantar un tema que se llama This place is empty delante de más de un millón de personas, en el concierto más grande de toda la historia de la música, sobre un escenario de 22 metros de alto, 28 metros de ancho y 60 metros de profundidad montado frente a la playa de Copacabana, en Río de Janeiro. Y ahí estoy yo ahora: en el centro del universo, frente al escenario, delante de todo, y ahí están ellos, tocando gratis para la gente y los veo en tamaño natural, como si estuviera en un teatro, y no lo puedo creer".

"Coleccionistas y fans entienden de qué se trata lo que vamos a vivir dentro de menos de tres horas".

"Porque el 18 de febrero en el Brasil hay dos medianoches: a las 12:00 de la noche hay que atrasar el reloj una hora y vuelven a ser las 23:00. No deja de ser maravilloso que la noche de las dos medianoches sea juntos la noche que tocan los Rolling Stones. En el lugar donde los Stones brindan el concierto más grande de la historia de la música, el día tiene 25 horas".

Escrito en el cuerpo. (por Josefina Licitra)

"La vida no deja su huella sólo en el cuerpo".

"-Vamos a bajarte el maxilar derecho, lo emparejamos con el izquierdo, te metemos un hueso de la cresta ilíaca y te quedás cuarenta y cinco días con la boca inmovilizada y cerrada con alambres.
-¿Y la comida?
-Con pajita.
Imaginate a Mike Tyson explicándole a su contrincante, detalladamente, cómo le va a romper la cara sobre el ring".

"Siempre es probable que tu marca deba enfrentarse al paso del tiempo".

(Diálogo entre Chiche Gelblung y Tévez)
"-¿Y vos cómo hiciste para levantarte a esa mina? -le preguntó a Carlitos Tévez, el-de-las-cicatrices-en-el-cuello, cuando estaba a los besos en Brasil junto a Natalia Fassi. Tévez miró a cámara con un gesto duro y bovino, como si el aire lo hubiese congelado en un momento subnormal.
-¿Eh? - dijo. Se sorbió los mocos con un respiro seco.
-Pero... lo que importa es lo de adentro, papá- contestó finalmente, ofuscado, haciendo gala del razonamiento más verdadero que arrojó el fútbol en los últimos tiempos".

Carlos Gardel o la educación sentimental. (por María Moreno)

"Gardel sería el hombre de aldea que se prueba la ropa de la aristocracia europea y descubre que es su segunda piel".

Buenos Aires era una fiesta. (por Eugenia Zicavo)

"Mientras tanto, la droga que más muertes produce en el mundo es el tabaco, seguida por el alcohol, el abuso de las drogas farmacéuticas legales y recién en cuarto lugar las drogas ilegales en su conjunto".

Relato de un secuestrado. (por Álvaro Sierra)

"Él llevaba unos tres meses secuestrado y había entendido la regla básica del negocio, la sola posibilidad de una persona en la posición de un animal para seguir sintiéndose persona".

lunes, 12 de octubre de 2015

Ese mundo.

Otro cuerpo es otro mundo. Nada nuevo estoy diciendo. Pero en mis sueños experimenté viajar sin abrir los ojos. Al tacto, a la mirada, al gusto de la saliva ajena. Pensé que sus manos, sus rodillas y sus cachetes son países de ese mundo. Su espalda, el gran océano. Ese mundo no se diferencia mucho al planeta Tierra, ni tampoco al mundo que soy yo.
Las ideas de ese mundo nacen, como sucede en todos los mundos, de los países más desarrollados y pensantes, los países que se ubican en la cabeza. Estos son: los ojos, la nariz, la boca. Pero lo mejor de todo es que cada mundo tiene una ideología diferente, una cultura diferente. El mundo es chiquito.
Los fenómenos naturales, biológicos e imposibles de evitar suceden en todo el mundo naciendo desde la panza. El mundo se nutre, se distribuye y excreta. Porque a veces llueve.
A mí, lo que me apasiona es conocer sobre la cultura de ese mundo. Cómo vive. Lo que quiere y lo que lo acecha. Lo que desea y por qué lucha. Saber que en ese mundo no se toma tereré y las cosas dulces son por demás bienvenidas. 
El mundo quiere ser feliz. Deseo que tiene también este mundo que soy yo, y seguramente los demás mundos que son las otras personas. Tengo miedo de que ese mundo tenga guerras internas. Las guerras con mundos exteriores son inevitables y hasta necesarias, pero las guerras que suceden en un mismo mundo se pueden evitar. Su Dios, es decir, el dueño de ese mundo las tiene que evitar. Lo bueno es que si su Dios no puede evitarlas, dioses de otros mundos pueden intervenir aportando pensamientos. Dios puede salvar su mundo de alguna manera, Dios solo tiene que querer. Dios tiene que cuidar su mundo. Amarlo. Amar cada lunar de su mundo, cada mancha de nacimiento, cada imperfección, cada parte del mundo, porque Dios va a vivir en ese mundo hasta que junto con el mundo se muera. Dios no tiene que dejar que nadie hable mal de su mundo, ni le haga daño. Dios es muy inteligente, sobre todo el Dios de ese mundo, del que hablo. Además de que tiene mucho amor por brindar, no solo a sí mismo sino a mundos y dioses ajenos. Conocí a un Dios con poder de vulnerar mi mundo, aunque es un Dios débil. 
Muero porque algún árbol de éste gran universo llamado naturaleza, nos haga sombra, a éste mundo que soy yo y a ese mundo que es él. De esa manera poder explorar sus manos, masajearlas, consolarlas. Tantear su barba. Ser feliz en su pecho, recostada. Porque lo mejor de los mundos es cuando se encuentran, cuando sus dioses se encuentran y se conocen, y se genera una sociedad que busca la paz de ambos mundos. Y los países de los mundos se conocen y entrelazan. Generalmente, los países Manos, andan juntos todo el tiempo. Los países Ojos no dejan de admirarse. Los países Boca mueren por sentirse. Es adorable e inexplicable la manera en que dos mundos pueden tornarse uno, pero aún así seguir siendo ellos mismos. Y los dioses, los dioses se enamoran. Los dioses no piensan en sus hijos por quienes deberían velar. Los dioses, por primera vez -y hacen bien- piensan en ellos mismos, en su felicidad. Porque si un Dios es feliz, el otro tiene un nuevo motivo para también serlo. Un Dios le dice al otro: "Primero estás vos, después estás vos, y después recién los demás". Los dioses se cuidarán y se darán paz.
No pretendo invitarte a que seas mi mundo complementario, ni a yo ser el tuyo. No pretendo que dependamos del otro, solamente quiero que sepas que no te imaginás lo que me gustaría no tomar tereré con vos.

Adorable puente se ha creado entre los dos. 

sábado, 10 de octubre de 2015

Crecimiento: Una semana de mi vida.

Que me traten bien y me quieran. No sentir que mi bondad es un desperdicio y algo sin importancia. Entendí que la tristeza es necesaria y que hacer bien me hace bien. Busco envolverme de pureza, de alguna manera, y que a simple vista se vea reflejada mi alma. Otra vez me siento sola, y quiero escaparme de la soledad. 


Si no me saludás, no importa. No importo. ¿No importo?. Me duele. Lo recuerdo y me cuesta olvidar. Nadie siente ésto, de la misma manera que lo siento yo. Ya te fuiste, y solo puedo decir "y bueno".



Por otro lado, esto de no corresponder. Esto de no "ser" para alguien. De no ser para muchos. ¿De no ser para nadie?. Para alguien tengo que ser, además de para mí.



Me entendí. Me miré y me entendí. Y me quise de nuevo. Ya me quería desde antes igual. Mucho me quería. Me quiero. Ahora me abracé. Quiero estar conmigo por siempre.



Ya no me duele no pertenecer. Crecí. Maduré. Comprendí que no es todo tan malo cuando tengo el poder de tomar decisiones.



Quiero crecer intelectualmente, y si eso involucra dejar mis afectos estoy dispuesta a hacerlo. Quiero conocer interiores y exteriores. Me di cuenta que la gente del primer mundo no es tan mala como pensé. Odio pertenecer a la ignorancia, a un mundo injusto. Odio que se me estén yendo las cosas y las personas de las manos. Quiero alejarme, por fin.



Extraño mucho. Cada día extraño más. Me aterra pensar en la muerte. No quiero pensar en operaciones, hospitales, sanatorios, médicos, doctores, enfermeras ni nada de esa índole.



Sueño. Sigo soñando. Superar mis miedos. Vencer la injusticia. Escribir un libro. Hacer el amor. Tener un hijo. Tener una casa propia. Hacer un viaje. Que mis papás me quieran mucho siempre.



Que me traten bien y me quieran.



Me dí cuenta que amo más a los animales de lo que pensaba que los amaba.



La concha de tu madre All Boys.

jueves, 10 de septiembre de 2015

Diamante.

Me arde el corazón. Mis venas hierven.
Mis mejillas no dejan de ruborizarse.
Ninguno es el motivo. No hay motivos
de porqué estoy así.

¿Serás vos? Que un tiempo atrás
me hiciste ver un poco al costado.
Te voy a ayudar, te voy a amar,
te voy a hacer reír, nunca vas a llorar.

Es que me conmueve las notas desde tus dedos
que salen con pasión y forman la melodía.
La melodía, esa que en tus recuerdos 
no hace más que recordarte quien sos.

Vas a brillar, y aún así nadie te va a ver.
Así es la vida, está todo mal.
Pero vos estás pintando el cielo con tus ojos
y me enamoro de lo que me regalás.

Que son miradas, muecas, silencios
que a mí me gustan y doy todo por tenerlos.
Y quiero más, algún día te voy a pedir
y ojalá vos pidas algo de mí.

Es que me conmueve las notas desde tus dedos
que salen con pasión y forman la melodía.
La melodía, esa que en tus recuerdos
no hace más que recordarte quien sos.

Vas a caer, nadie lo va a notar.
Sos fuerte, sos un diamante.
Irrompible, hermoso y brillante.
Sos un diamante, sos un bienestar.

Y la luz se va a apagar algún día
y va a ser cuando por fin pueda mirarte.
Leer tus ojos, tantear tus pensamientos,
besar tus manos. Me muero por vos.

jueves, 13 de agosto de 2015

Gracias.

Me gustaría de cerquita decirte "gracias", pero tu mirada café cae amarga sobre mí. Y recae fuerte e imponente, y no me deja endulzarla, sino que me hace sentir intimidada y me obliga a dejar de mirarte.
Me gustaría de cerquita decirte "gracias", pero no puedo ver el gesto que hacés, como si te faltara el aire. Como si cada vez que me acerco un poquito, te lo robo. Pero nunca suspiros, no. Y movés tu naríz grande. Me alejo. Respirá tranquilo.
Me gustaría de cerquita decirte "gracias", pero siempre estás rodeado de esa gente. Esa gente que sabe que vos y yo juntos no es algo bueno. Y de solo pensarlo se ríe. Porque yo sueño, pero vos te avergonzás.
Me gustaría de cerquita decirte "gracias", y algún día lo voy a hacer. Tal vez lo simule agradeciéndote por otra cosa, pero vas a sentir mi agradecimiento porque los pocos gramos que va a pesar, van a ser rojos. De amor. De corazones. De cachetes ruborizados. De temor. 
Ojalá algún día, desde bien cerquita, pueda decirte "gracias", y pueda gritar un gol de Boca con vos, o escuchar algún disco que nos guste a los dos.
Me gustaría de cerquita decirte "gracias", pero mientras tanto, te lo digo por acá: Gracias.
Gracias porque a pesar de tu indiferencia, hiciste que yo vuelva a escribir.

miércoles, 15 de julio de 2015

"Perdiz de ojos grandes para vos"

Dios, o ese que rige desde allá arriba, o desde algún lado, hace unas horas te llevó. 

Me reía hoy, un poco más calmada, porque suelo preguntar a las personas si les gustaría ser veladas, enterradas, cremadas, etc. porque creo que es correcto dejar en claro qué querés que se te haga después de morir, pero a vos nunca te lo pregunté. Tal vez, porque nunca imaginé que en algún momento la ley de la vida se iba a cumplir, y te ibas a ir. Pero ocurrió. Es que, al verte siempre tan sano, tan ágil, tan activo y tan lleno de vida, ¿quien podría imaginarse que en momentos en los cuales estabas más vivo que nunca, nos podrías dejar?. 
Te voy a extrañar. Ya te extraño, y lo voy a hacer en cada cosa que haga y en cada paso que dé. No lo puedo creer. Y lo creo. Y vuelvo a no creerlo. Pero a pesar de todo estoy tranquila y en paz, porque viviste las cosas como las tenías que vivir y como las quisiste vivir. No sufriste más que en tus últimos momentos. Jamás te vi quejarte, y siempre que tuve que abrazarte, te abracé, siempre que tuve que estar con vos, estuve. Tal vez nos faltó estar juntos en alguna foto reciente, pero no importa, porque a vos no te gustaban las fotos y a mí tampoco. Siento que no desperdicié momentos con vos. 
Me desarma pensar que ya no me vas a dar consejos, que ya no me vas a esperar en la parada cuando vuelva tarde de la facultad, que ya no me vas a dar diarios, llamar todas las tardes, hacer asado los domingos, ni un montón de cosas más que eran parte de tu rutina y a la vez de la mía. 
Pero hay que seguir.
Así que te pido que desde donde estés me mires, me cuides, y me guíes. Te imagino sentado en el fondo de tu casa, bajo el árbol que coquitos leyendo el diario y siendo muy feliz.
También te voy a imaginar cada vez que escuche esas canciones que tanto te gustaban.
Te amo abuelito, buen viaje.


lunes, 29 de junio de 2015

Oh l´amour.

Creo que no siento amor. ¿Será posible?
Siento amor por el arte o los animales, amigos o familiares, pero estoy dándome cuenta que no siento amor por una pareja. El "amor romántico".
Lo gracioso es que siento dolor, sobre todo ese dolor debido a la falta de amor. Entonces, si siento el dolor debido a la falta de amor, ¿puedo sentir amor, aunque sea escaso?. No lo sé. Puedo identificar ese dolor proveniente del amor que se quita para que nazca ese dolor, pero no ese déficit de amor en sí.
Este sentimiento, definitivamente, no tiene nombre.
Puedo llorar si alguien que digo querer, o amar, me lastima. Puedo sufrir inexplicablemente si mi pareja me deja, pero no estoy segura de poder ponerme en su lugar. No estoy segura de si al verlo sufrir, aunque mi reacción sea la de acompañar el sentimiento, lo esté haciendo realmente. No estoy segura de si en el momento del acto sexual, eso para mí signifique "hacer el amor", la unión de dos almas, o una simple cogida. No estoy segura de si mi pareja cualquiera sea, en el momento en el que estemos, pueda sustituir lo que siento por otras cosas, como ser el arte, o demás pasiones. 
O tal vez, sí siento amor, y éste amor que siento es el mismo que sienten todas las personas. Me refiero a que, ésto que siento o sentí alguna vez por una pareja, es el nivel máximo de amor romántico que un ser humano puede sentir, que, a mi juicio, es poco. Pero, entonces, ¿dónde encontraría ese amor extra que desconoce la humanidad, que nunca sintió?. Eso es imposible. Demasiada divagación por mi parte.
La otra hipótesis sería que tal vez soy chica y aún no me ha tocado llegar al nivel máximo del amor, ese que te envicia hasta los huesos. Pero a partir de la noción del amor que tengo hasta ahora, llegar a ese nivel de amor que posiblemente no llegué a sentir, no me inquieta. Tampoco estoy apurada. 
Pero, tampoco descarto mi curiosidad y preocupación por ese dolor que siento. Ese dolor sinónimo de vacío. De decir "no me quieren", o "no me quiso". De decir que te falta amor, pero no el amor que pueden darte tus padres, amigos o mascotas, sino el amor que puede darte alguien que también puede darte su corazón. Ese dolor lo siento bien. Está presente los días de lluvia, los días de período menstrual y los días histéricos de primavera o verano. El dolor está, el amor, no. O tal vez sí. 
Parece contradictorio. Bueno, lo es. Solo que no quiero descartar las posibles respuestas a mi problema de falta de amor, o simplemente la llegada del amor a su tope. 
Por último, una tercera hipótesis: La leche de éste café, creo que estaba cortada y me hizo mal.

domingo, 7 de junio de 2015

Manos.

Para S,


Por favor, no me dejes sin tus manos.
Nunca las toqué, pero las necesito.
En especial a las ásperas yemas de tus dedos, 
que al tantear no me hacen más que llevarme a volar.

Y vuelvo.

Y bajo un poquito hacia el centro,
donde están esas líneas largas que algunos dicen leer.
Que son ahuecadas, intensas y especiales.
No son especiales porque sean tuyas. Aunque un poquito, sí, es por eso.

Y bajo más.

Hasta la elevación que le sucede a tu dedo pulgar.
Esa parte gordita en la que logro ver tus venas, y las deseo.
Y observo bien apoyando mi nariz,
y suspiro en tus venas.

Y me mirás.

Pero yo sigo, y ahora hago que tus manos volteen.
Te las cierro y veo la punta de tus nudillos.
Los recorro y siento ternura y violencia.
Y me excito porque voy a llegar a mi parte favorita tuya.

Y las volteás de nuevo.

Y tomo tus muñecas. Ahuecadas y firmes.
Las hago mover y acompaño el movimiento con sonrisas.
Las recorro con mis yemas. Las presiono por si reaccionás.
Pero no reaccionás. Sos fuerte.

Te miro.

Enlazo mis dedos con los tuyos y nuestras palmas se juntan.
Y nuestras almas se juntan.
Siento tu calor y tu energía. Siento miedo y seguridad.
Y te repito que,
por favor, no me dejes sin tus manos.
Nunca las toqué, pero las necesito.





miércoles, 13 de mayo de 2015

Los sueños agridulces III.

Sos un bombón I.

Hacía un martes caluroso varias semanas atrás mientras viajaba a la facultad. Le di gracias a Dios, Buda y todas las energías superiores por haberme permitido ese día tener la oportunidad número uno en un millón de viajar sentada en el colectivo. De igual modo, el colectivo estaba lleno y yo buscaba tranquilidad en las canciones de mi reproductor que se propagaban por medio de mis auriculares. No me había percatado de nada ni nadie que dentro del mismo vehículo haya estado, solamente viajé mirando el paisaje y memorizando lo estudiado para el examen que iba a dar. Llegué al puerto temprano para la clase. Las gotas gruesas de sudor se deslizaban por mi sien hasta mi mentón para terminar muriendo en mi musculosa negra. Yo me dejaba ser, no me importaba estar toda sudorosa. Tenía una guerra en el estómago y otra en la cabeza. "Nervios" vs. "No Seas Pelotuda, En El Examen Te Va A Ir Bien". Di unos pasos por el cordón de la vereda y volteé porque sentí un empujón. Miré a una persona apenas un poco más alta que yo que me dijo "disculpá". Un hombre, bastante joven, de camisa blanca arremangada, pantalón de vestir negro, lentes de pasta negros, barbita rasurada, esa de tres días, y pelo negro cortito. Lo miré unas milésimas de segundo, luego le dije soltando una sonrisa "no es nada", y me regalé un par de milésimas más para deleitar mi vista en tan bello paisaje. Sin exagerar. Reaccioné. Volteé. Volteó. Seguí mi curso y él el suyo. No pude ver para dónde se dirigía pero, lamentablemente, no para donde yo lo estaba haciendo. Se avecinaba un tercer contrincante a mi guerra interior, el "No Mira Minas Como Vos, Ilusa". Esperé un poco para voltear nuevamente y no parecer desesperada, pero ya no lo vi. Se había esfumado en el horizonte, o alguna brisa celestial lo había llevado hasta el cielo, dónde los querubines pertenecen, o, lo cual es más probable, había doblado la esquina e ido por una calle inalcanzable para mi corta vista. Miré fijo mi camino rectilíneo y me pregunté qué estaba haciendo, a quién estaba buscando. Por supuesto sabía muy bien qué estaba haciendo y a quien estaba buscando pero preguntarme retóricamente eso me daba la sensación que no quedaba tan imbécil ante mí misma.
Rendí el examen. Desaprobé.
Salí del edificio con el corazón más triste que de costumbre y los ojos vidriosos. No quería parpadear para no empujar la cortina de lágrimas que se había armado en cada uno de mis ojos, para que éstas no caigan espesas por mis mejillas y para que no sea evidente mi debilidad. En realidad, no quería que la gente supiera que soy una maricona desde la primera hora. Pero la fuerza en mis músculos faciales contrayéndose sin relajarse sólo duró unos pocos pasos. Largué todo de mí y me lamenté por mi fracaso. Mi nariz se enrojeció al igual que mis cachetes regordetos, y las gotas desde mis ojos cayeron. Me había preparado con mucho esmero y poniendo todo de mí para ese examen, llegando a él con el tiempo justo tras haber hecho otras cosas que me sacan tiempo y fuerzas como trabajar u ocuparme de otros problemas mundanos en los cuales me meto por placer. O por pelotuda. Busqué un pañuelito descartable y me limpié la cara. Lo pasé de arriba hacia abajo, en viceversa y en diagonal, corriéndome el delineador de ojos hasta el cuello y marcándome con líneas rojas la cara a causa de la fricción. No me importaba nada la verdad, ni como me veía ni como me sentía. Solo quería volver a mi casa para poder llorar en paz y fuerte, mordiendo la almohada. Tanto sufrí en vano que no me percaté de que el tiempo en cuatro horas había cambiado bruscamente. De un sol radiante que emanaba altos grados de calor pasó a unas nubes grisáceas llenas de agua y mala onda, las cuales lo tapaban por completo. Puteé en mi interior hasta llegar al puerto.
A la una de la tarde, como siempre, ese pequeño lugar colapsaba de gente que al igual que yo estaba cansada y quería regresar a sus casas para poder estar con sus familias, almorzar, descansar o, por qué no, llorar en paz. Me apoyé en una columna de cemento y dejé caer mi mochila pesada por mi brazo para agarrarla con la mano y ponerla entre mis pies. Comencé a sentir una brisa fría y simulé autoabrazarme. Quedé cruzada de brazos para que no se me enfríen las manos. Comencé a mirar un poco mi alrededor sin detenerme en detalles, y vi algo que previamente ya me había hecho parar el corazón. Y lo hizo de nuevo. El lindo de mierda que me había empujado a la mañana estaba esperando el colectivo. Igual de impecable que hacía cinco horas antes. Tal vez un poquito más despeinado. Pero era, y me permito suspirar como una colegiala enamorada antes de escribir lo siguiente, el edén. Una sonrisa que era las puertas del cielo. Unos ojos cafés más hermosos que el sol. Una barbilla que no me provocaba más que querer morderla, y quererla toda para mí, y un aura armoniosa. Un manjar. Un bombón. El más dulce y apetitoso que jamás vi. Obviamente, no quería que me viera toda desfachatada, sin mis mejores ropas, con el maquillaje corrido y la cara llorosa. Me corrí como ocultándome tras la columna a esperar tranquila. Aunque no lo estaba ni un poco. Tenía ya muchos problemas en mi vida y éste pibe irrumpió en mi día de mierda para tornarlo más de mierda aún. Por supuesto que sin querer. Era tan bueno y puro que lo único que podía transmitir era felicidad y ganas de vivir. 
Llegó el bendito colectivo y como siempre, en ésta sociedad tan civilizada y rica en valores como el respeto, las personas de la parada no formaron una fila y se pelearon a los empujones por quien subía primero y viajaba sentado. Yo ya estaba resignada, viajar sentada no iba a hacerme sentir mejor, así que dejé a toda la gente subir y luego subí yo. Pagué mi boleto y caminé por el estrecho pasillo queriendo llegar hasta la puerta de descenso para así poder bajar más fácil, pero en mitad de mi recorrido una mano se estira y toca mi brazo.
-Sentate acá- me dijo el pibe que había visto bien temprano, y sacó su mochila de la butaca. Había reservado el lugar para mí, pensé.
Miré para ambos lados del pasillo verificando si no se encontraba viajando parado algún anciano o alguna anciana, embarazada o madre con su niño en brazos, pero en realidad miré a ambos lados porque no sabía qué hacer. Él corrió sus piernas y yo crucé hasta la butaca del lado de la ventanilla. Y no se como supo que me gusta el lado de la ventanilla porque amo sentir el vientito entrar y pegar en mi cara. No me importa despeinarme.
-Te guardé el lugar, tenés pinta de cansada- y se dibujó en su rostro una media sonrisa mostrando sus dientes blancos y perfectos. Luego miró fijo hacia adelante e hizo un ruido con su nariz, como haciendo fuerza para respirar, a mi parece estaba resfriándose.
-Muchas gracias... la verdad que sí, creo que todos lo estamos- Dije yo. Tonta, boba, taradísima. Lo dije como diciendo "me lo diste a mí pero también podrías habérselo dado a alguien más". Por suerte, no se de dónde saqué el don de la ocurrencia y arreglé mi tontera.
-Pero qué suerte que me lo diste a mí-.
Y nuevamente una media sonrisa vi. Y me miró. Le ofrecí un paquetito de pañuelitos descartables porque continuaba haciendo ese sonido horrible con su nariz que me molestaba hasta la médula.
-Gracias, me estoy resfriando, éste cambio de mierda... ya me pica la garganta. Igual no me des todos que vos también necesitás- me dijo devolviéndome el paquetito de pañuelitos después de haber sacado uno solo. Me lo pasaba como apuntándome a la nariz rojiza de llorar. Sonreí y lo agarré.
-Sí, la verdad que sí. Gracias-.
-Estabas llorando...- Me lo confirmó, no me lo preguntó.
-¿Yo?- pregunté. -No, jaja-.
-Tu cara no dice lo mismo eh...- se burló. Me invadió la vergüenza.
-Son boludeces, de las cuales ya me olvidé-.
-Mejor así... chicas como vos no tienen que andar llorando-.
Después de escuchar eso y sonreír, volteé hacia el lado de la ventanilla como para ignorarlo y arrugué mi cara porque me dieron ganas de llorar. Salieron algunas lágrimas de mis ojos y quien estaba haciendo el ruido tedioso con la nariz ésta vez era yo.
-Eu, ya está... no llores, dale. ¿Cómo te llamás?-. Y esa vez sí lo miré, mientras me secaba los ojos de la manera más femenina que podría salirme que, estoy segura, ni siquiera era un poquito femenina.
-Camila, ¿y vos?-
-Cristian. ¿Qué estudiás Camila?-
-Periodismo-
-Ah mirá vos, ¿de ahí venís?, ¿de estudiar?- Y lo miré sonriendo porque sentí que me lo preguntaba con real interés. -Perdón, soy un pesado...-.
-Jajajaja no, no pasa nada, me gusta que preguntes. Si, vengo de la facultad, acabo de dar un examen y de salir mal, por eso tengo la cara hecha mierda jajaja.-
-Noooo, nada de eso. ¿Era muy difícil Cami?-
-Maso, pero puedo recuperar, no hay problemas.-
-Bueno, mejor-.
-Si. ¿Y vos? ¿A qué venís para éstos lados?- Ya le dije un poco más lúcida y sin tantas ganas de llanto.
-A trabajar. Trabajo en un banco en el centro, el que queda por la calle Buenos Aires, a la vuelta de la Catedral, ¿lo conocés?-.
-Sí sí, a una cuadra de la peatonal, me ubico. ¿Venís todos los días?-
-Si, por suerte son pocas horas, aunque es cansador. ¿Vos venís todos los días?-
-Si, pero sólo los martes y los jueves a ésta hora, los demás días a diferentes horarios-.
-Ah, ¿O sea que el jueves te voy a ver de nuevo?-.
-Puede ser...- jugué.
-Espero no verte llorando y que estés feliz-.
-Jajajaja sí, lo prometo-.
-Bien Cami, ¿cuántos años tenés?-
-18, ¿y vos?-
-26...-
-Ah...- Le dije y corrí mi mirada de su latitud. Saqué mis lentes de mi mochila, me los calcé y también saqué un libro que había comenzado a leer. Él me miró de reojo, y comenzó a desenredar sus auriculares que había sacado del bolsillo de su pantalón. Se los puso y me sonrió. Yo leí y no hablamos más hasta que me tuve que bajar.
Se sacó los auriculares y antes de que me levante para tocar el timbre me dijo:
-Nos vemos el jueves, Cami. No llores más-.
-Jaja, nos vemos-. Contesté, como siempre, tan poco expresiva. Y bajé. Caminé hasta casa. Y a pesar de haber tenido un buen viaje, al llegar hice lo que desde un primer momento luego de salir mal en el examen, me propuse hacer: lloré mordiendo la almohada. Lo hice hasta quedarme dormida y fue liberador. Luego desperté, y deseaba con todas mis fuerzas que llegara el jueves.









martes, 14 de abril de 2015

The key.

Hoy a la tardecita mientras caminaba por el barrio, volviendo a casa,  me agarró un sentimiento de miedo. 
Tengo miedo de que los jóvenes no agarren más sus bicicletas oxidadas y se suban a ellas para ir a comprar el pan al almacén de "acá la vuelta", con el vehículo rechinando, a pedaleada cansada y espalda encorvada.
Tengo miedo de no escuchar el ruido del tejido siendo golpeado por la pelota pinchada pero que todavía sirve, de los chicos que se juntan en la canchita del barrio a jugar al fútbol. Que son de todas las edades, de todas las clases sociales, de todos los colores de cabello y piel, de todas las casas del barrio. Se juntan ellos, en la canchita que ni embarrada se priva de que corran y festejen sobre ella, o se peleen, o compartan una Coca.
Tengo miedo de no ver más las calles de tierra con esquinas llenas de baches, inundadas y embarradas, en las cuales los chicos con sus pantalones arremangados se divierten esquivando el barro, cayéndose, estando escondidos de sus madres que cuando los descubren, salen a la vereda a los gritos.
Tengo miedo de no ver pasar todos los días que juega Don Orione, a los muchachos, algunos en motos, otros en bicicletas, entonando canciones tribuneras, acarreando banderas, bombos, con la casaca al hombro y la gorra a mal poner. Llevando consigo mismos toda la fuerza y la pasión que hay en cada una de las células de su cuerpo, también alguna que otra bebida divertida, para poder en la cancha encarnados al tejido y las barandas, gritar con todas sus fuerzas, saltar con todas sus fuerzas, y entre tanto quilombo del bien poder encontrar la armonía de sus vidas.
Tengo miedo de que, aunque no me guste a veces, no volver a escuchar el mismo enganchado de chamamé del litoral que pone mi vecino a diario, ni de escuchar su imitación de sapucay cada vez que los cantores lo hacen. 
Tengo miedo de no escuchar más los gritos de mi nueva vecina, dirigidos a su yerno que no trae el pan o no compra pañales para ir guardando, que ahora vive con ella, que no hace mucho embarazó a su única hija, la más grande, la recién salida de la secundaria. 
Tengo miedo de que los chicos buenos del barrio vecino no vengan más al mío a fumar porro tranquilos.
Tengo miedo de que la guardia urbana o los patrulleros comiencen a dar vueltas por la calle y nos molesten con sus luces encandilantes titilando a la madrugada que brillan más que los focos semi-apagados de las esquinas.
Tengo miedo del primer mundo. No quiero que me lo vendan. Ya perdí mucho y sólo me quedé con recuerdos de mi anterior vida, hablo de mi vida de la infancia, que son los más placenteros. 
Es estúpido temerle al futuro y a la evolución, pero sí, temo, porque se trata de una evolución material pero regresiva con respecto a lo sentimental. Temo algún día levantarme y no poder sentir, por eso busco acomodarme en cada recoveco posible de algún corazón ajeno, cuyo dueño me lo permita. Quiero estar para los demás y para mí. Doy vida por vida. 
Paguemos nuestras deudas y no dejemos que nos vendan infelicidad. Cuidemos nuestras pequeñas cosas que son las más hermosas. Construyamos nuestra inmortalidad. 

domingo, 5 de abril de 2015

Mi globo de Canadá.

¿Ves como flota mi globo que va a Canadá?
Ahí va, corrompiendo al viento.
Lo ves campante, a mi globo que va a Canadá,
se lleva algo. Es algo que añoro.

Sólo él y yo sabemos
lo que queremos, lo que nos hace falta.
Si lo reviento se revienta mi alma.
Y pobrecito, tiene que ir a Canadá.

¿Ves cómo flota mi globo que va a Canadá?
Al rojo vivo, a pleno en su vehemencia.
Se va al norte y quiere ir más allá,
un par de leguas, llegó a Cánada.

La hoja roja que lo escuda en su esfericidad
no tiene nada que ver en su argumento.
El viaja firme porque sólo quiere llegar
a su destino y cumplir su promesa.

Sólo él y yo sabemos
lo que queremos, lo que nos hace falta.
Si lo reviento se revienta mi alma.
Y pobrecito, tiene que ir a Canadá.

Y cuando por fin llegó a Canadá
estaba más alto que el cielo.
Cabizbajo se tuvo que volver
a flotar en su anterior humildad.

¿Ves como flota mi globo desde Canadá?
Ahí viene, corrompiendo al viento.
Lo ves campante, a mi globo desde Canadá,
me trae algo. Es algo que añoro.

Sólo él y yo sabemos
lo que queremos, lo que nos hace falta.
Si lo reviento se revienta mi alma.
Y pobrecito, tiene que volver de Canadá.

sábado, 4 de abril de 2015

Veintiséis de Junio.

¿Qué querés hacerme sentir? ¿Cuál es tu intención?

Me querés hasta los huesos y eso involucra odio, ¿es eso?,

¿O simplemente ésta es tu forma de amar? Qué rara forma...
Mirate vos, mirame a mí. Nos tiramos con fuego, apostando por nuestro amor.
Deberíamos tirarnos flores.
Dejame eclipsar tu luna y comerme tu sol.

No me busques, no te me acerques,
no me hagas caer de nuevo.
Ya acepté mi dolor, ya lo fundí.
Herís mi alma, herís mi cuerpo.

Sos tan malo, sos tan bueno.
Sos tan puro y tan vacío.
Tan sentimental que me hacés doler los pensamientos.
Siento obligadamente la impotencia de no poder abrazarte.

¿Estás bien? ¿Te pasa algo?
¿Algún dolor que te aceche, del cual me haya percatado?
Ya te ofrecí mi piel, ya te ofrecí mis manos.
Ya te ofrecí mis días, ya te ofrecí mi vida.

Ya te di mi corazón y lo manipulaste a tu antojo.
Qué gracia te causaba verlo retorcerse,
mientras seguías con la excusa de no querer hacerme sufrir.
Lo lograste. Lamentablemente, todo te dí.

Pero en la penumbra de algún rincón sano de mi corazón encontré bondad.
Pude perdonarte y dejarte volver.
Me dispuse a sanar tus heridas, nuevamente.
Pero es tu odiosamente particular forma de actuar la que me hace preguntarme:

¿Qué querés hacerme sentir? ¿Cuál es tu intención?

viernes, 3 de abril de 2015

Conurbano man

Ahora el rock and roll cambia de género.
Te toca ser fusilado con cursilerías.
Dale que va, ¿qué más da?,
total nunca te vas a enterar.

Conurbano man, que a tus pies cayó
toda mujer que haya tenido la suerte.
Que hayas dejado que venga otra
porque ella no hizo suficiente.

¿Qué haces? No, no te dejes vencer.
Entendé, nene, que ninguna puta es fiel.
Pero a vos, te viene bien igual.

Boca débil que guarda secretos.
Comisura inundada de sutileza.
Tu cigarrillo de marihuana encendés,
y ahora te veo poniéndote la camiseta.

Prohibido está no hablar de ésta parte de vos,
cuando todos los domingos te vas a La Bombonera
te llevás todo, hasta mis fuerzas,
para cantar y ver jugar al campeón.

Qué irritante sosiego el de tus ocurrencias.
Desinterés. ¿Algo más querés darme?
¡No quiero más!
De vos,
no quiero nada más...

¿Qué haces? No, no te dejes vencer.
Entendé, nene, que ninguna puta es fiel.
Pero a vos, te viene bien igual.

martes, 10 de marzo de 2015

Primero, te quiero.

Para S.

Quiero enloquecer con vos.
Quiero que tus besos me perfumen.
Quiero que tu vigor me abrace.
Quiero competir con tus gustos.
Quiero que tus debilidades no me limiten.
Quiero que tu sonrisa me motive.
Quiero que tus lágrimas me fortalezcan.
Quiero tu hombro para llorar.
Quiero tu compañía para reír.
Quiero tus manos para que no me suelten nunca.
Quiero tu experiencia para crecer.
Quiero tu indiferencia para enojarme.
Quiero tu esencia para enamorarme.
Quiero tus labios para besar.
Quiero tu humanidad para abrazar.
Quiero tenerte cerca para nunca tener que extrañarte.
Quiero que tu cielo sea mi límite.
Éstas cosas que quiero y tengo, unificadas te hacen a vos,
que sos lo que más quiero.
Te quiero.


lunes, 23 de febrero de 2015

Amistad.

Cambié. Hoy soy nueva. Vos no me viste crecer, ni yo a vos.
Hoy no sabés nada de mí, ni yo de vos. No me sabés.
Hoy ya río y lloro por cosas diferentes a las de antes.
Y vos no sabés por qué río ni por qué lloro.
Hoy soy menos inocente que antes y vos no sos consciente de eso.
Si me vieras hoy, estarías arrepentido de haberte ido.
Se que a veces un poco arrepentido estás e indirectamente me lo hacés saber.
Yo sigo lamentándome el haberte dejado ir hace dos años.
Te extraño cada día más. Jamás te olvido.
Río al recordarte. Lloro al recordarte.
Qué feliz me hiciste. Qué mucho me hiciste sufrir.
Entendí más que nunca el dejar ir a quien se ama, por su bienestar y felicidad.
Verte bien me alegró el corazón inmensamente.
Verme mal me destrozó.
Me construí de a poco.
Mi bondad no permitió que los demás me dejaran sola.
Sola me sentí. Sola no estoy.
Recuerdo esos cinco años que hiciste que me ahogue en carcajadas.
Hubo veces que me hiciste llorar pero jamás dejé que me vieras.
Amé que compartas cada cosa conmigo.
Amé aconsejarte.
Amé cuidarte.
Amé consolarte.
Amé ayudarte.
Amé compartir con vos.
Amé ser lo que siempre buscaste.
Amé que me hayas sabido entender.
Amé que no me hayas dado tu simpatía.
Amé no ver en vos las cosas que los demás me decían que viera.
Amé tu apoyo.
Amé tu sinceridad siempre.
Amé tu sentido del humor.
Amé escribirte historias.
Amé ser tu otra mitad.
Amé que fueras la mía.
Nada más que decirte por hoy, veré mañana.
Mejor amigo, voy a amarte para siempre.