martes, 14 de abril de 2015

The key.

Hoy a la tardecita mientras caminaba por el barrio, volviendo a casa,  me agarró un sentimiento de miedo. 
Tengo miedo de que los jóvenes no agarren más sus bicicletas oxidadas y se suban a ellas para ir a comprar el pan al almacén de "acá la vuelta", con el vehículo rechinando, a pedaleada cansada y espalda encorvada.
Tengo miedo de no escuchar el ruido del tejido siendo golpeado por la pelota pinchada pero que todavía sirve, de los chicos que se juntan en la canchita del barrio a jugar al fútbol. Que son de todas las edades, de todas las clases sociales, de todos los colores de cabello y piel, de todas las casas del barrio. Se juntan ellos, en la canchita que ni embarrada se priva de que corran y festejen sobre ella, o se peleen, o compartan una Coca.
Tengo miedo de no ver más las calles de tierra con esquinas llenas de baches, inundadas y embarradas, en las cuales los chicos con sus pantalones arremangados se divierten esquivando el barro, cayéndose, estando escondidos de sus madres que cuando los descubren, salen a la vereda a los gritos.
Tengo miedo de no ver pasar todos los días que juega Don Orione, a los muchachos, algunos en motos, otros en bicicletas, entonando canciones tribuneras, acarreando banderas, bombos, con la casaca al hombro y la gorra a mal poner. Llevando consigo mismos toda la fuerza y la pasión que hay en cada una de las células de su cuerpo, también alguna que otra bebida divertida, para poder en la cancha encarnados al tejido y las barandas, gritar con todas sus fuerzas, saltar con todas sus fuerzas, y entre tanto quilombo del bien poder encontrar la armonía de sus vidas.
Tengo miedo de que, aunque no me guste a veces, no volver a escuchar el mismo enganchado de chamamé del litoral que pone mi vecino a diario, ni de escuchar su imitación de sapucay cada vez que los cantores lo hacen. 
Tengo miedo de no escuchar más los gritos de mi nueva vecina, dirigidos a su yerno que no trae el pan o no compra pañales para ir guardando, que ahora vive con ella, que no hace mucho embarazó a su única hija, la más grande, la recién salida de la secundaria. 
Tengo miedo de que los chicos buenos del barrio vecino no vengan más al mío a fumar porro tranquilos.
Tengo miedo de que la guardia urbana o los patrulleros comiencen a dar vueltas por la calle y nos molesten con sus luces encandilantes titilando a la madrugada que brillan más que los focos semi-apagados de las esquinas.
Tengo miedo del primer mundo. No quiero que me lo vendan. Ya perdí mucho y sólo me quedé con recuerdos de mi anterior vida, hablo de mi vida de la infancia, que son los más placenteros. 
Es estúpido temerle al futuro y a la evolución, pero sí, temo, porque se trata de una evolución material pero regresiva con respecto a lo sentimental. Temo algún día levantarme y no poder sentir, por eso busco acomodarme en cada recoveco posible de algún corazón ajeno, cuyo dueño me lo permita. Quiero estar para los demás y para mí. Doy vida por vida. 
Paguemos nuestras deudas y no dejemos que nos vendan infelicidad. Cuidemos nuestras pequeñas cosas que son las más hermosas. Construyamos nuestra inmortalidad. 

domingo, 5 de abril de 2015

Mi globo de Canadá.

¿Ves como flota mi globo que va a Canadá?
Ahí va, corrompiendo al viento.
Lo ves campante, a mi globo que va a Canadá,
se lleva algo. Es algo que añoro.

Sólo él y yo sabemos
lo que queremos, lo que nos hace falta.
Si lo reviento se revienta mi alma.
Y pobrecito, tiene que ir a Canadá.

¿Ves cómo flota mi globo que va a Canadá?
Al rojo vivo, a pleno en su vehemencia.
Se va al norte y quiere ir más allá,
un par de leguas, llegó a Cánada.

La hoja roja que lo escuda en su esfericidad
no tiene nada que ver en su argumento.
El viaja firme porque sólo quiere llegar
a su destino y cumplir su promesa.

Sólo él y yo sabemos
lo que queremos, lo que nos hace falta.
Si lo reviento se revienta mi alma.
Y pobrecito, tiene que ir a Canadá.

Y cuando por fin llegó a Canadá
estaba más alto que el cielo.
Cabizbajo se tuvo que volver
a flotar en su anterior humildad.

¿Ves como flota mi globo desde Canadá?
Ahí viene, corrompiendo al viento.
Lo ves campante, a mi globo desde Canadá,
me trae algo. Es algo que añoro.

Sólo él y yo sabemos
lo que queremos, lo que nos hace falta.
Si lo reviento se revienta mi alma.
Y pobrecito, tiene que volver de Canadá.

sábado, 4 de abril de 2015

Veintiséis de Junio.

¿Qué querés hacerme sentir? ¿Cuál es tu intención?

Me querés hasta los huesos y eso involucra odio, ¿es eso?,

¿O simplemente ésta es tu forma de amar? Qué rara forma...
Mirate vos, mirame a mí. Nos tiramos con fuego, apostando por nuestro amor.
Deberíamos tirarnos flores.
Dejame eclipsar tu luna y comerme tu sol.

No me busques, no te me acerques,
no me hagas caer de nuevo.
Ya acepté mi dolor, ya lo fundí.
Herís mi alma, herís mi cuerpo.

Sos tan malo, sos tan bueno.
Sos tan puro y tan vacío.
Tan sentimental que me hacés doler los pensamientos.
Siento obligadamente la impotencia de no poder abrazarte.

¿Estás bien? ¿Te pasa algo?
¿Algún dolor que te aceche, del cual me haya percatado?
Ya te ofrecí mi piel, ya te ofrecí mis manos.
Ya te ofrecí mis días, ya te ofrecí mi vida.

Ya te di mi corazón y lo manipulaste a tu antojo.
Qué gracia te causaba verlo retorcerse,
mientras seguías con la excusa de no querer hacerme sufrir.
Lo lograste. Lamentablemente, todo te dí.

Pero en la penumbra de algún rincón sano de mi corazón encontré bondad.
Pude perdonarte y dejarte volver.
Me dispuse a sanar tus heridas, nuevamente.
Pero es tu odiosamente particular forma de actuar la que me hace preguntarme:

¿Qué querés hacerme sentir? ¿Cuál es tu intención?

viernes, 3 de abril de 2015

Conurbano man

Ahora el rock and roll cambia de género.
Te toca ser fusilado con cursilerías.
Dale que va, ¿qué más da?,
total nunca te vas a enterar.

Conurbano man, que a tus pies cayó
toda mujer que haya tenido la suerte.
Que hayas dejado que venga otra
porque ella no hizo suficiente.

¿Qué haces? No, no te dejes vencer.
Entendé, nene, que ninguna puta es fiel.
Pero a vos, te viene bien igual.

Boca débil que guarda secretos.
Comisura inundada de sutileza.
Tu cigarrillo de marihuana encendés,
y ahora te veo poniéndote la camiseta.

Prohibido está no hablar de ésta parte de vos,
cuando todos los domingos te vas a La Bombonera
te llevás todo, hasta mis fuerzas,
para cantar y ver jugar al campeón.

Qué irritante sosiego el de tus ocurrencias.
Desinterés. ¿Algo más querés darme?
¡No quiero más!
De vos,
no quiero nada más...

¿Qué haces? No, no te dejes vencer.
Entendé, nene, que ninguna puta es fiel.
Pero a vos, te viene bien igual.