lunes, 11 de enero de 2016

Té con limón.

Si hoy no te veo, algo se rompe en mí.
Algo se esfuma de mi corazón.
Las sístoles y diástoles jamás serán las mismas.

Si hoy no te veo ya no quiero ver.
Ni oír, ni hablar, ni sentir.
No me atrevo a permitir que nadie más que vos me endulce los oídos con té y limón.

Si hoy no te veo no se qué va a ser de mí.
Seguramente, algo voy a ser.
Seguramente, nada de lo que quiero ser.

Si hoy no te veo, ¿se supone que deba seguir?
No tengo tantas fuerzas como para aguantar mis párpados pesados de lágrimas que me ruegan que las deje caer, por vos.

Por favor, dejame verte. 
Una sensación sin igual en tu piel.
Detrás de tus orejas, un cosquilleo. 
Contame, ¿cuántas provocaron eso?
Te vas a saber y te vas a sentir canción.
Nadie te va a amar con tal pasión.
Toda está en mí la confianza.

Si hoy no te veo, no creo morir.
Solo creo no vivir. 
O vivir enemistada conmigo sabiendo que te perdí.

Si hoy no te veo, no importa.
Pero no me dejes perderte.
No te alejes tanto de mí. 

Si hoy no te veo, seguro será mañana. 
O pasado mañana, o algún otro día de la semana.
O del año. O del mes.

Si hoy no te veo, quiero que de todos modos sepas que te mando un beso.
En el alma.
O dos. O tres.

Si hoy no te veo, ni vos me ves a mí,
es menester que sepas que aunque no nos veamos,
no dejás de hacerme feliz.